D.R. Ricaldi

Y pensar...

 

Y pensar…


Aunque la gente lo dude o se espante: yo pienso. Lo menos, pero lo hago. Y cuando lo hago, me deprimo. Por ello pienso lo menos que me sea posible. Aún así… el pensar, es una reflexión un poco babosa, un poco trastornada. Un acto violento y recursivo. Y por qué no decirlo, corrosivo también.

Pensar, es interpelar a la vida. Traerla al nicho de nuestros fatuos destinos, y pedirle explicaciones. Sólo porque un día se nos dio la gana, y basta ya. No hay razones, fundamentos, argumentos, sentencias o peticiones que tengan la validez suficiente.

¿Por qué…? ¿Por qué…? ¿Por qué…? Y así sucesivamente.

Sentarse en la vereda de la existencia y solicitarle a la nada que llene un vacío.

Pensar… y pensar que pierdo mi tiempo en explicarle al resto lo que pienso y por qué lo pienso… cuando la verdad… a nadie le importa más el pensar de otro, que el suyo propio… no se tiene tiempo… no hay espacio… no hay sentido… no hay orientación…

Pensar que cavilar no te lleva a ningún sitio… ya que si así fuera, no estaría de pie intentando levantar mi pie, para caer al foso oscuro de la línea del tren…

 








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