D.R. Ricaldi

Suspicacia.

Suspicacia


Me acusan de ser suspicaz.

¿Cómo no serlo? Si el ser humano camina con el engaño entre sus dientes, con la mentira cubriendo sus labios.

El hombre quebranta a diario la verdad.

Con una mirada ardiente, con un inocente contoneo, con unos untuosos labios.

El hombre busca siempre torcer a la verdad.

Con una frase cubriendo la mirada fugaz, con una inocente sonrisa el contoneo, con una suave y distractora tosecita ocultar el subterfugio mensaje de la resbalosa boca.

Y siempre el ser humano cree en la falacia de sus dichos.

Tras la liviandad de sus actos siempre hay una real y verídica excusa.

La picardía, la trampa, la vil astucia… tienen como premio la falsa felicidad, que socarronamente llevamos en el pecho con orgullo sepulcral…

¿Cómo no ser suspicaz?








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