D.R. Ricaldi

El lado oscuro de la mente







¿Dónde yace la maldad ¿en el corazón?, ¿en la mente? ¿El morbo es algo ajeno a nosotros? La biblia tiene un punto de inicio y un culpable, la ciencia nos da el lugar y las razones de nuestro comportamiento. Pero tanto la religión como la ciencia confluyen en puntos que despiertan el origen de nuestra maldad. Por D.R. Ricaldi


El morbo 

Los primeros 45 minutos de los noticieros están dedicados a darnos a conocer los actos más violentos que han ocurrido en el día en Chile y el mundo. El golpe brutal a una Carabinero mostrados una y otra vez por todos los canales de televisión, el choque de un auto contra un cajero automático, un muerto tapado con un plástico en mitad de la carretera y sus

familiares destruidos a un costado con una cámara enfocando su desesperación, el visible rastro de sangre de un motociclista que quedó incrustado en una muralla de una casa particular. Luego de los noticieros, la televisión nos sigue enarbolando con más actos de violencia. Reality’s Show, donde los integrantes se destrozan tras y frente a sus contrincantes y audiencia, con actos de odiosidad que rayan en lo patológico, pero que hoy venden. Y venden mucho.
  
La pregunta es ¿por qué? Según los especialistas esta conducta morbosa, no es nueva en el ser humano. El gusto y fascinación por aparecerse en medio del sufrimiento ajeno es intrínseco en la humanidad. Desde las peleas de los gladiadores hasta nuestros días. Quizás la respuesta esté en el aspecto monetario, pecuniario. El sexo, las drogas, el dolor humano, ver la “sombra” de la cual hablaba Carl Jung, es atractivo para las audiencias de hoy en día, hambrienta de las nuevas y grandiosas sensaciones, que produce la alta tecnología.



El amor como un acto violento
Hace un par de años, estando en un control de detención, conocí el caso de una mujer que había acusado a su marido por violencia intrafamiliar. En pleno control la mujer se sintió arrepentida de lo que había hecho, frente a la mirada reprobadora de su esposo que estaba junto a su abogado defensor.
 
 
Un mes mas tarde, me la encontré en un parque de juego siendo agredida verbalmente por su marido. Cuando se sentó junto a mí, le comenté que yo la conocía y le conté bajo qué circunstancias.  
Aproveché de preguntarle en qué iba todo el asunto. Me respondió que todo había sido exageración de sus vecinos, un simple mal entendido. Que su esposo era un buen hombre y que los mirones de siempre simplemente los envidiaban y que por eso los querían separar. Tres meses más tarde, vi por televisión a este mismo hombre. Había asesinado a su esposa de un tiro en el pecho. La pregunta es ¿Qué lleva a una persona a dejarse enredar en ese tipo de historias, y a no querer salir de ellas? 
Según los especialistas, existen alrededor de 26 tipos de historias diferentes. Pero ¿qué es una historia? Es una forma de ver el amor de pareja. Estas historias se construyen entorno a lo que vemos a lo largo de nuestra vida desde que nacemos. Padres, profesores, hermanos, compañeros de colegio y universidad, colegas, televisión, literatura, etc., etc. Estas historias tienen una alto componente externo que se adosa a nuestro subconsciente, hasta que adquiere su propio sentido y valoración. Esto quiere decir que alguien que ha construido una historia romántica dejará que lo conquisten o conquistará de la forma tradicional y elocuente de antaño. El dilema radica cuando estas historias son de terror. Por ejemplo, padres abusadores o un entorno proclive al abuso. Necesariamente, el componente activo del entorno, variará de la base de una relación sana a una provista de morbo y dolor, o sea, una historia de terror.  
Muchos psicólogos han dado una posible respuesta, por ejemplo, en torno a la violencia intrafamiliar, sobre todo en esos casos cuando mujeres golpeadas se niegan a abandonar a su agresor. Los especialistas, aducen que este tipo de personalidades buscan un ente que las proteja de las carencias o abusos del pasado, pero que generalmente lo que terminan eligiendo es exactamente a lo que estaban acostumbradas. De padres golpeadores, mutan a maridos golpeadores. Es un patrón que repiten en forma constante a lo largo de su vida. ¿Existe alguna forma de romper con este tipo de patrones?, la hay y es la terapia. Es muy difícil que una persona por si misma se pueda recuperar. Los psicólogos dicen que son personas que sufren y que necesitan ayuda. ¿Se puede superar en solo? se podría si existe una gran fuerza de voluntad. Pero las estadísticas no favorecen.
Por otro lado, en estas historias de terror, las parejas tienen a sufrir una fuerte atracción entre sí. Una persona normal, elegirá una persona normal para pasar sus días. Una persona que en su mente alberga una historia de terror, se sentirá fuertemente atraída por alguien con una similar historia. Esto contestaría por qué la mujer masoquista se siente correspondida y amada junto a un sádico, y viceversa.


La maldad según la religión
 
“Avlá” (i)


Para los teólogos, el primer atisbo de la maldad, viene encarnado en la presencia de “Luzbel”, un querubín primoroso que ambicionando el poder de su creador, tiñe sobre si mismo la sombra de la ambición y del poder.
Para los teólogos, no es muy claro dónde aparece a ciencia cierta este ángel lleno de belleza y provisto de bendiciones por parte del creador. Sin embargo proponen una especie de “profecía”, que podría marcar un inicio, pero no una fecha determinada. Esto es en Ezequiel 28:14-15 el cual dice: “(14) Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. (15) Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.


Para los teólogos, el primer atisbo de la maldad, viene encarnado en
 la presencia de “Luzbel”, un querubín primoroso que ambicionando el poder de su creador, tiñe sobre si mismo la sombra de la ambición y del poder.
Para los teólogos, no es muy claro dónde aparece a ciencia cierta este ángel lleno de belleza y provisto de bendiciones por parte del creador. Sin embargo proponen una especie de “profecía”, que podría marcar un inicio, pero no una fecha determinada. Esto es en Ezequiel 28:14-15 el cual dice: “(14) Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. (15) Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.
 
Luzbel que en hebreo significa “Lucero de la mañana” o “Luz bella” apareció en forma misteriosa la maldad. Apareció de la forma tan secreta y tenebrosa, como aparecen muchos sentimientos en nuestro corazón. O sea, sin la mayor explicación.
En Isaías 14 se despejan las razones por las cuales se despertó aquella misteriosa maldad en Luzbel. Allí se dice que el ángel vio su reflejo y se dijo “me sentaré en el trono de Dios y seré semejante al altísimo”. Se había despertado en él el Avlá, que en hebreo significa “maldad” o también “distorsión moral”. Luzbel se sintió con un poder semejante o superior al de su creador y quiso demostrar este poder a otros, para que lo vieran como un igual ante Dios. Fue entonces que pasó a ser “Satanás”, que en hebreo significa “Adversario”.
 
 (i) Las traducciones pueden variar en los textos bíblicos. Por experiencia propia, las Biblias antiguas mantienen traducciones antiguas, como es la que se adjunta de Ezequiel e Isaías y el resto de las traducciones hebras en el presenta artículo. En cambio, en las biblias modernas, es posible que aparezcan en forma totalmente diferente los textos adjuntados. La razón de estos cambios, se debe a la evangelización y al deseo de hacer más comprensible un texto tan completo e interpretativo como es la Biblia.

La maldad según la ciencia

Hace un tiempo especialistas intentaron explicar los malos sentimientos de las personas. Se realizó un experimento para evaluar si la maldad era propia del ser humano, o si acaso se compartía dicho estado de malicia con todo el resto de los seres vivientes. Se puso a un chimpancé en una jaula, y se construyó un aparataje con dos ruedas y dos mesas rodantes, cada una con un plátano. Cuando el chimpancé tiraba desde su jaula la cuerda izquierda, una bandeja con trocitos de plátano se acercaba al animal. En cambio, elegía tirar de la cuerda derecha, su vecino, otro chimpancé, también podía alcanzar el alimento. 
 
Si en el animal hubiese existido la malicia Per Se, su opción hubiese sido tirar siempre de la cuerda izquierda para que así el otro chimpancé no comiera. Sin embargo, no lo hizo. Tiró dos veces de la cuerda izquierda y de repente de la derecha. Lo que más le importaba, era recibir algo para comer.
En el ser humano el comportamiento del chimpancé es totalmente contrario. El ser humano está, muchas veces, dispuesto a privarse de ciertas satisfacciones con tal de ver perjudicado al que tiene a su lado.
Muchos dirán por ejemplo, que el que obtiene ganancias en forma fraudulenta merece tener privaciones o sufrir penurias en castigo por su mal obrar. Pero existe un suave disfraz entre la justicia y el hecho mismo, que en los últimos tiempos nos está haciendo perder el norte. Una cosa es la forma y otra es el fondo. La forma, seria que la persona que actúa mal debe pagar por su mal comportamiento, aún más si es la sociedad quien se ha visto desprotegida o vulnerada, ejemplo: desfalco a un colegio en situación vulnerable, abuso de una menor de edad, violación a una mujer en su domicilio, etc. El fondo, es el disfrute con el dolor ajeno. La pregunta es ¿quién pone el filtro? Tenemos organismos de justicia que debieran trabajar para ello. Pero ¿La justicia es garantía de ecuanimidad o de real buen obrar? ¿Qué pasa con aquellos casos donde la justicia no puede entrar, como es en el fuero interno de cada uno de sus habitantes? La conciencia moral, ha de ser una cosa llevada en forma privada.
De hecho la ciencia habla de una especie de “Justicia Cerebral”. Se llevó a cabo un experimento con voluntarios, a los cuales se les proyectaron imágenes de una persona rica y otra pobre, los cuales recibían una recompensa. Los voluntarios reaccionaron ante el segundo caso. Lo interesante del experimento es que los científicos descubrieron que la reacción cerebral no acata a condicionamientos sociales, sino al procesamiento que el órgano hace ante las recompensas. O sea, al igual que todas las cosas, el cerebro reacciona en una parte específica ante la presencia del estímulo.
El filósofo Thomas Hobbes, creía que el hombre era malo por naturaleza. Él postulaba que ni siquiera la voluntad es libre, ya que es el resultante entre el miedo y la sed de poder. Además decía que el Bien y el Mal, eran conceptos relativos; ya que llamamos bien o bueno, a lo que deseamos y malo a lo que nos repugna. “Homo Homini Lupus”, “El hombre es un lobo para el hombre”.


Envidia y codicia: convivimos con el enemigo
Hay un punto donde tanto ciencia como religiosidad, confluyen en cuanto al desarrollo de la maldad en el ser humano. Esto es: la Envidia.
Pero ¿Cómo nace este sentimiento? Así se lo preguntó Hannibal Lecter a la agente del FBI Clarice Starling, para darle una pista psicológica del asesino al cual estaba persiguiendo, “Búfalo Bill”, dándonos una clave como sociedad “¿Cómo empezamos a sentir codicia, Clarice? ¿Buscamos cosas qué codiciar?”. En la misma escena le da la respuesta a la interrogante a la agente “No, empezamos a codiciar lo que vemos todos lo días. ¿No sientes los ojos que se mueven por tu cuerpo, Clarice? ¿Tus ojos no buscan las cosas que quieres?”.
 
La Codicia, es definida como un deseo excesivo de riquezas y otras cosas. Envidia, es un deseo de hacer o tener lo que hace o tiene otra persona. Tanto la envidia como la codicia, se despiertan por un deseo que subyace en nuestro interior, para tomar posesión de aquello de lo que carecemos.
Para el escritor Francisco Javier Alcalde, en su libro “Nos programaron envidiosos”, la envidia tiene que ver con la autoestima. “Es un mecanismo de defensa de nuestro ego contra la eminencia de los mejores dotados […] Es un intento de sentirse compensado, rebajando conscientemente a los demás”.
¿Qué tiene que ver la envidia con la maldad? Sabemos que la envidia exacerbada, moralmente es repudiada, aunque el ser humano conviva con ella cada hora de todos sus días. Pero ¿Quiénes cargan con este malsano sentimiento? El propio escritor nos da la respuesta. La envidia la sufren en mayor medida, “aquellos que se alegran del mal de los demás, o sufren con sus éxitos”.
Hoy por hoy la sociedad matiza el desencanto o esta “aborrecible” pasión con frases como “Envidia sana”, cuando lo que sentimos es una gran admiración hacia un don intangible que posee otra persona y del cual, obviamente, nos sentimos privados o tenemos en forma disminuida. Por ejemplo, la inteligencia como un bien o un don intangible “[…] La inteligencia ajena molesta más, que el grado de felicidad”, escribe Francisco Javier Alcalde.
Qué sintió Luzbel hacia Dios cuando se vio en su reflejo, que siente el hombre cuando tiene que compartir algo con quién cree no lo merece, que siente un asaltante contra su víctima, qué sintió el Tila cuando violó a las mujeres y luego en un acto de humillación, dejó sus excremento sobre la mesa de comedor y las camas de las mujeres a las cuales había ultrajado. Codicia. Primero se siente la codicia en el interior, ese deseo irrefrenable de tener algo, el cual muta al sentimiento más primigenio en el ser humano: La Envidia. Luzbel sintió envidia por poder que tiene Dios. El hombre no comparte con otro sus bienes o riquezas por codicia y la envidia subterfugio que el otro pueda surgir y salir adelante. Codicia y envidia es lo que sintió primeramente el Tila y los cuales gatillaron en sus horrendos crímenes que ya mucha gente conoce.
Nietzsche en “Así hablo Zaratustra”, escribió: “Subiendo a las alturas los adelantas, pero cuanto más subes, no lo olvides, más pequeños te verán los envidiosos. El que vuela alto es el más odiado.
 

Palabras finales…


La Umbra o sombra de maldad se inicia en nuestra infancia. Se desarrolla con los años y las experiencias. Se afianza con las competencias, en los deseos de poder, de adquisición, de hambre y sed de obtención de crédito. Si nuestra niñez está teñida de demostración de nuestras capacidades, es lógico que al crecer la tolerancia a las frustraciones se vea debilitada, y se despierte en las personas esos vanos sentimientos de maldad y deseos de ver fracasos en los que puedan demostrar ser mejores.  

Esta tolerancia a la frustración es la que hoy en día afecta fuertemente a los jóvenes. La televisión, la tecnología, los padres permisivos, y una larga lista de etcéteras, han hecho que mucha de nuestra juventud se pare desnuda y atada emocionalmente, frente a una sociedad que amenaza comérselos vivos al menos descuido.
Si algo debemos agradecer, quizás los más viejos como es mi caso, que a nuestros padres todo les costó. Nada les fue fácil en sus días, ni el nuestros. Por lo que: vimos, vivimos y convivimos rápida y fuertemente con la frustración y los fracasos familiares en las puertas de nuestras casas, día con día. Se nos apretó es espíritu y se fortaleció nuestra capacidad de lucha. Armas con las que mi propia generación de padres, privó a sus propios hijos.
Con esto no se quiere decir que la generación de hoy es más mala que la de ayer. Sino, que esta generación está más proclive a caer en ella, y que por lo tanto la sociedad se va corrompiendo, hasta perder el norte y hacer desaparecer nuestros propósitos y principios.
Creo firmemente que es hora de hacer ese cambio de switch. Creo que es hora que los jóvenes y los no tan jóvenes vuelquen sus pensamientos hacia su interior. Y no desde el trampolín de la codicia o la envidia, que son los ingredientes claves para desarrollar la maldad y por los cuales, se siente que la sociedad está mas frívola e indolente.
Aunque una pregunta cae directa y certera en esta discusión ¿Está dispuesta esta sociedad a perder intereses inmediatos, para generar conciencia futura?
Con lo que se ha expuesto en el presente artículo y con su propia mirada a lo que nos está rodeando, dejo en sus manos la respuesta a esta interrogante. La celda on-line.

 
Fuentes
-      “El pequeño Larousse Ilustrado”
-      “Las raíces de la maldad humana”, Rafaela Bredow, La Nación.
-      “Nos programaron envidiosos”, Francisco Javier Alcalde.
-      “Breve Historia de la Filosofía”, Humberto Giannini. 
-      “La Biblia”, Ediciones 2008 y 1970. 
-   Revista "Conozca más", Edición Octubre 2006.
-   Revista "National Geografic", Edición Marzo 2005.






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